Hossony
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3 de agosto de 2026

El alma del instrumento

Un pequeño cilindro de abeto, sin cola, escondido dentro de la caja. Unos pocos milímetros que definen la voz.

Dentro de todo violín, viola, violonchelo y contrabajo hay una pieza llamada alma: un cilindro de abeto sujeto solo por presión entre la tapa y el fondo.

Transmite la vibración entre las dos placas y soporta la presión de las cuerdas. Mover el alma medio milímetro ya cambia el brillo y la respuesta del instrumento.

Por eso el ajuste es un trabajo de paciencia: ajustar, tocar, escuchar y volver a ajustar.